Liberarnos del karma supone sutilizar la expresión energética para alcanzar un resultado: retirarnos de las ruedas de reencarnación en un plano que se halla regido por el placer y por el dolor, en sentido vital. Se trata de un objetivo planteado en algunas culturas asiáticas y cada quien sabrá en qué medida es deseable o no.

De todas formas, la fluidez en el cuerpo etérico presenta sin lugar a dudas beneficios físicos, emocionales y mentales. Y se consigue disolviendo los antagonismos de la materia densa, de forma tal que el Agua ya no extinga al Fuego y que la Tierra y el Aire ya no permanezcan separados.

Esta integración de energías elementales sólo puede realizarla la Mente disminuyendo las fricciones natales. La vía de sutilización es la transmutación, proceso que supone dirigir la energía desde un centro planetario (chakra, ver La Astrología vital) hacia otro centro o punto de síntesis energética. El sentido del movimiento es ascendente: desde el centro basal asociado a Marte hacia el noveno centro por sobre la coronilla asociado a Plutón.

Marte, el planeta del deseo que ancla al aliento vital en este mundo, emite sus radiaciones hacia Saturno (asociado al centro sacro). Saturno agota la expresión del deseo y afecta nuestra capacidad de reproducción biológica, generándose una irradiación hacia Venus (asociado al plexo solar). Venus armoniza los polos emocionales de la experiencia (placer-dolor) e irradia una corriente energética hacia Júpiter (asociado al centro cardíaco). Júpiter expande la percepción hacia esferas no regidas por el dualismo en la materia y la vida comienza a latir desligándose progresivamente de la atracción que ejercen los elementos naturales, surgiendo así una nueva irradiación hacia Urano (asociado al centro laríngeo). Urano inicia entonces una nueva expresión personal y redefine el arco de intereses a medida que la Mente atrae con mayor fuerza la energía vital antes anclada a la Tierra. Una nueva irradiación en ascenso continúa hacia el centro del entrecejo (ajna) asociado a Mercurio, el planeta que amalgama la razón (hemisferio cerebral izquierdo) con la emoción (hemisferio cerebral derecho) y sintetiza en una expresión mental las nuevas experiencias corporales que han ido surgiendo a lo largo de todos los procesos de transformaciones y transmutaciones. La actividad de este centro ajna emite una irradiación continua hacia el centro coronario asociado a Neptuno, planeta que con sus atributos facilita una mayor plasticidad neuronal para soportar y comandar cerebralmente el funcionamiento de un organismo que permanentemente está sutilizando su estructura. Una nueva irradiación se dirige hacia el octavo centro etérico, el contiguo a la coronilla y asociado a Vulcano, zona etérica sin correlato biológico pero que transmite al centro coronario el aspecto voluntad de la conciencia expandida en proceso de liberarse. Finalmente, este trabajo energético emite sus ondas de radiación hacia el noveno centro contiguo asociado a Plutón, zona que sintetizará la energía vital reencarnada, la retirará de su estancia en el plano y se autoeliminará cuando advenga la muerte física.

En este contexto, el lector de cartas astrológicas precisa poner en primer plano los deseos e intereses del consultante, ya que el proceso anteriormente descrito resume (de manera necesariamente lineal e inexacta) el camino de liberación del karma de densificación. En este caso, la energía emprende un movimiento ascendente (desde el punto de vista físico) cuando disminuye el deseo en la materia y se pierde la conexión vital con el mundo (Marte). El hecho de que permanezcamos vivos en el plano nos indica que constantemente se producen movimientos en descenso, reforzando el deseo, la sexualidad, incrementando la capacidad de reproducción biológica y sumergiéndonos en laberintos emocionales que aumentan la tensión nerviosa.

El lector, en definitiva, precisa acercarse a las aspiraciones del consultante y respetar cómo quiere vivir su vida al momento de ofrecer una interpretación. ¿Qué actividad etérica conviene reforzar en un aspecto tenso? ¿Cómo formular enunciados de interpretación que reflejen el movimiento que implica una transformación? ¿Esa transformación afectará a otras zonas etéricas y cómo? ¿Esas afectaciones son deseables para el consultante o se halla a gusto con las circunstancias natales de su vida? ¡Es muy interesante observar a través de una carta natal cómo se transforma la música de la naturaleza cuando deliberadamente se trabaja con direcciones de transmutación!

Muchos fenómenos son observables cuando comienzan a darse cambios de densidad corporal, y habrá que estar atentos a los efectos por polaridad (ver El efecto cometa) y muy especialmente a las acciones planetarias de autorregulación vital (próximamente en este mismo blog). Cualquier camino que se emprenda trae aparejadas transformaciones físicas, emocionales y mentales, muchas de ellas a veces incompatibles con las características de los sistemas culturales que moldean la herencia mental que recibimos con nuestra educación. Pero más allá de las fricciones que se presenten, existe un faro infalible o indicador certero sobre la conveniencia o no de nuestras acciones: un aumento de vitalidad armónica con el medio etérico cuya fuerza vence cualquier barrera psicológica de condicionamiento mental. En esos momentos, se producen reales experiencias de fusión en las que la permeabilidad no se topa con ningún obstáculo que separe a nuestro sistema energético personal de cualquier otro, en las que la positividad y la negatividad no son cuestiones a aceptar o a rechazar sino a atravesar ya libres de los movimientos de adherencia kármica.

En la manifestación cíclica de la energía, con un ritmo y periodicidad determinados, no hay un punto de partida ni de llegada sino un desarrollo de integración que libera a la vida respecto de las afinidades elementales, las dualidades mentales o las polaridades magnéticas. Esto significa anular la fragmentación en la experiencia de ser representada en una carta natal.

©Julia Pérez Bustamante. Todos los derechos reservados.

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Tres Mancias

Mi nombre es Julia Pérez Bustamante y resido en Argentina. He estudiado y practicado diversas mancias durante décadas y actualmente me dedico a realizar lecturas de monedas (I Ching), de cartas de Tarot y de cartas astrológicas. En todas ellas, mi perspectiva es pragmática y laica, enfocada en aportar información real, precisa y útil para que el consultante tome decisiones por sí mismo.

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