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Karma y libre albedrío (I)

Estudiar una carta natal desde la perspectiva kármica es un ejercicio a la vez simple y complejo. Se suele decir que el ser humano es un ser complejo, condicionado por distintos factores y con libre albedrío, lo que vuelve aún más difícil predecir el rumbo que tomará su vida. Esto lo observamos en los otros y en nosotros mismos, pero aún es más visible en los momentos críticos de cambios y tomas de decisiones.

La energía propia de la mente inferior o intelecto, representada en la astrología tradicional por Mercurio, es la que tiñe los pensamientos e ideas que a veces complejizan las situaciones de la vida cotidiana, resultando la vivencia de “atolladero” como producto del Gran Embaucador, que es una de las tantas personificaciones atribuidas al planeta y a la mente. Si miramos con ojos mercurianos, nos sumergimos en la riquísima cantidad y cualidad de factores que caracterizan el mundo cotidiano. Así, captamos la realidad adoptando la frecuencia de vibración buscada y esta es una de las facetas de Mercurio: la capacidad de despliegue en la vida mundana.

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Así también ocurre con la mirada astrológica kármica. El mismo hecho de hablar de karma nos sitúa en una lógica de acercamiento a las situaciones de vida distinta a la de “cuánto, cuándo y cómo obtener un resultado”, para enfocarnos en el para qué propio de la expresión impersonal de la energía: sutilizar o densificar.

En el intento de articular los planos de realidad más abstractos con los más densos, recordemos el principio hermético “Como es arriba, es abajo” y ahora sí, empecemos a buscar las correspondencias. Sabemos, por ejemplo, que los signos se clasifican según cuatro elementos básicos y hemos leído que de acuerdo con las posiciones que ocupaban el Sol, la Luna y los planetas al momento de nacer, tenderemos a manifestar un determinado conjunto de características, al que llamamos “personalidad”. Sabemos también que la toma de conciencia de los aspectos personales es gradual y progresiva. La astrología kármica constituye una de las tantas herramientas disponibles para ahondar en dichos aspectos y ubicarlos en una cadena de sucesivas encarnaciones en las que hemos ido adoptando distintas tendencias y predisposiciones.

Para ilustrar lo que venimos comentando en forma sumamente simplificada, consideremos la carta de una persona en la que el elemento Fuego es predominante. Podríamos suponer que su conciencia se identifica con las características de vitalidad, iniciativa y liderazgo, entre otras cualidades. Ahora bien: podríamos encontrar, a través del estudio kármico de su carta, que su sendero evolutivo puede coincidir en mayor o menor medida con dichas características. Para ello, profundizamos en toda una serie de factores indicativos de su recorrido a través de encarnaciones, lo que podría indicarnos que el sendero actual llevará a esa persona a experimentar situaciones y operar giros de conciencia ligados a, por ejemplo, el desarrollo de las cualidades inherentes al elemento Tierra: tenacidad, practicidad, concreción, lentificación de procesos, etc.

En este caso, ¿cómo se manifestarán en la vida de la persona estas tendencias? Por momentos, tal vez se encuentre ante situaciones que impliquen un esfuerzo de constricción y refreno de sus impulsos, o tal vez perciba la necesidad interna de hacerlo aún antes de que la cualidad energética del elemento Tierra se exprese como una barrera en su despliegue vital. Es posible también que experimente contradicciones internas y no sepa cómo integrarlas, sintiéndose “títere” de experiencias y sensaciones en las que no encuentra hilo de continuidad entre lo que cree ser, lo que expresa y lo que vive. La sensación de extrañamiento aumenta a medida que pasan los años, no sólo para la propia persona sino también para su entorno y respecto de la mirada que recibe de él.

El enfoque kármico es una de las llaves que abre la conciencia hacia una comprensión y percepción más abarcativa de las vivencias internas y externas atravesadas. Para reconocer en aquello que experimentamos parte de nuestro ser, y que es preciso integrar. Recordemos que si la energía que traemos en cada encarnación es traducida de múltiples formas en la vida cotidiana, su mejor y más plena expresión siempre significará felicidad para el ser.

©Julia Pérez Bustamante | Todos los derechos reservados

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