Karma y libre albedrío (II)

Pentáculo
Pentáculo

Es muy usual encontrar diferencias entre el karma de nacimiento escrito en la configuración natal de una persona, y los observables a lo largo de su vida. Puede ocurrir, por ejemplo, que se presente como significativo algún vínculo en particular pero que no sea posible hallar referencias específicas sobre ello en la carta natal. Las preguntas suelen surgir cuando dicho vínculo presenta características conflictivas, pero lo mismo se aplica en aquellos casos en que determinada relación o circunstancia adquiere un tono benéfico agradable, sin que sea posible tampoco encontrar indicadores de ello en la distribución energética natal.

En todos estos casos, incluyendo los accidentes y otras eventualidades, hablamos del karma que se genera a medida que transcurre la experiencia en el presente. Tanto en un extremo u otro de la cualidad que adquiera, su tramitación depende de que no se generen efectos a nivel etérico de manera tal de no perpetuar la cadena de acciones-reacciones y, por sobre todas las cosas, de no generar “ataduras kármicas” ya sea por su carácter benévolo o perjudicial.

Ante una carga energética determinada, la decisión de contraponer una carga de valor opuesto no resuelve el tema ya que el vínculo o la ligazón energética se mantiene en distintos órdenes, generándose proyecciones en el eje evolutivo que pueden llegar a convertirse en posteriores trazos kármicos: una neutralización establece una relación entre cargas y deja sin abordar el condicionamiento de la experiencia en función de dicotomías o dualidades. Para desarmar la cadena de perpetuaciones, sean las que sean, la palabra clave es la disolución.

Se trata de una operatoria cuya efectividad se manifiesta siempre y cuando podamos observar el proceso en la intensidad de un hecho vital que involucre al cuerpo físico, a las emociones y a la mente. En relación a lo físico, observamos las interacciones directas entre dos personas tanto si provocamos un daño en concreto como si inducimos una mejoría en algún aspecto específico. En cuanto al aspecto emocional, por ejemplo dejamos de convertirnos en objeto de odio o de amor, dejando a la corriente energética sin destino o recipiente sobre el cual verterse. Respecto del aspecto mental involucrado, cuidamos la dirección del pensamiento para no alimentar la fijación de ideas.

Las consultas sobre temas kármicos suelen aparecer ante conflictos o problemas enquistados pero rara vez las preguntas surgen en relación con las circunstancias positivas que transcurren en la experiencia. En ambos casos, y tanto si se trata de un karma observable en el natalicio como si se trata de un karma generado en el presente, el objetivo de su apreciación es el mismo: expandir la libertad de movimientos en cualquier orden etérico de manera tal de poder vivir la experiencia tal como cada quien lo desee.

Por último, hay que mencionar que el karma natalicio tiene su total expresión en la constitución de cada cuerpo físico y de cada temperamento en la actualidad. El resto de las circunstancias de vida, y cómo estas los afectan, pertenecen a sistemas culturales inventados por el ser humano, construcciones que no guardan relación con la expresión de la Ley de Causa y Efecto (*), la que junto a otras Leyes delinean en conjunto la estructura etérica personal.

Para la conciencia individual, un estudio astrológico puede discernir cuáles han sido las áreas etéricas que han originado el karma natal, es decir, cuáles son las cualidades que tienden a fijarse obstaculizando o acelerando así la regeneración anímica y celular. De esta manera, el libre albedrío puede ser definido como la decisión voluntaria de alterar, en uno u otro sentido, el cambio permanente que se produce en la expresión bio-emocional a medida que se desarrolla el ciclo natural de la vida.

©Julia Pérez Bustamante. Todos los derechos reservados.

(*) A los fines de este artículo, no es de interés abordar los efectos que recaen sobre el cuerpo etérico a consecuencia de acciones ejercidas sobre el equilibrio ecológico del planeta.

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Tres Mancias

Mi nombre es Julia Pérez Bustamante y resido en Argentina. He estudiado y practicado diversas mancias durante décadas y actualmente me dedico a realizar lecturas de monedas (I Ching), de cartas de Tarot y de cartas astrológicas. En todas ellas, mi perspectiva es pragmática y laica, enfocada en aportar información real, precisa y útil para que el consultante tome decisiones por sí mismo.

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